José Gregorio Figueroa | Ingresos petroleros y acuerdo de Qatar: ¿el inicio real de la recuperación venezolana?
El uso del fideicomiso en Qatar para canalizar ingresos petroleros promete aliviar la crisis cambiaria, pero la recuperación económica nacional exige transparencia y reformas estructurales.
El reciente giro en la estrategia económica de Venezuela, articulado a través de un acuerdo político entre las autoridades de Caracas y actores vinculados a Washington, ha puesto sobre la mesa un elemento disruptivo: el fideicomiso en Qatar para canalizar los ingresos petroleros. Esta iniciativa, aunque incipiente, marca un punto de inflexión en una economía que ha padecido durante años una profunda escasez de divisas y una inflación galopante.
Luego de los sucesos del 03 de enero y la instalación de una presidencia encargada liderada por Delcy Rodríguez, el país experimenta las primeras entradas significativas de dólares derivados de la venta de crudo. Alrededor de 500 millones de dólares han sido depositados en una cuenta en Qatar, de los cuales 300 millones serán distribuidos en divisas a cuatro bancos venezolanos para su venta en el mercado cambiario, una medida concebida para aliviar la escasez de moneda extranjera y estabilizar el tipo de cambio.
Este flujo de recursos, sin duda, contrasta con la estrechez financiera que ha caracterizado el último lustro. La depreciación del bolívar —que en 2025 se debilitó hasta un 83 %— ha sido un recordatorio constante de que una economía altamente dependiente del petróleo requiere sostenibilidad y previsibilidad.
Sin embargo, la estrategia no se limita a surtir el mercado de dólares. El gobierno ha planteado mecanismos de distribución que priorizan sectores productivos clave: desde insumos industriales y productos farmacéuticos, hasta alimentos y artículos de higiene personal. Asimismo, se han creado dos fondos destinados a la protección social y al mejoramiento de infraestructura nacional, con la meta de que estas divisas no solo sostengan la macroeconomía, sino que también incidan en la calidad de vida de los ciudadanos.
Pese a estos avances, la magnitud de la crisis exige más que inyecciones puntuales de liquidez. Venezuela necesita altas inversiones, acceso real al mercado financiero internacional, la eliminación de restricciones que entorpecen la comercialización del crudo y, sobre todo, seguridad jurídica para atraer y retener capital extranjero. El manejo de expectativas y la transparencia en la administración de estos recursos serán determinantes para consolidar la confianza interna y externa.
En este sentido, iniciativas como el uso de un dólar digital dentro del esquema de ejecución del fideicomiso podrían ser herramientas útiles para reducir distorsiones cambiarias, siempre que se acompañen de una amplia difusión informativa y mecanismos claros de acceso y control tanto por parte del Estado como por la banca. El reto de comunicar eficazmente estas herramientas —y garantizar que no se conviertan en simples tecnicismos financieros para una población exhausta— es tan grande como los desafíos económicos mismos.
Más allá de la contabilidad de ingresos petroleros, la recuperación del aparato productivo nacional debe ser una prioridad ineludible. El país no solo necesita divisas, sino revitalizar sectores que generen empleo, aumenten la productividad y reduzcan la histórica dependencia de las exportaciones de hidrocarburos. La optimización de servicios básicos, la reinversión en infraestructura y la reactivación del sector industrial son piezas imprescindibles de este rompecabezas.
En conclusión, el uso del fideicomiso en Qatar y la actual entrada de recursos petroleros pueden marcar un avance significativo, pero no constituyen una solución por sí solos. Requieren un enfoque estratégico que combine gestión transparente, reformas estructurales, incentivos a la inversión y un compromiso genuino con la recuperación de la economía real. Solo así Venezuela podrá transitar de la coyuntura al crecimiento sostenible, beneficiando de manera tangible a sus trabajadores, pensionados y a toda la sociedad.
Por: José Gregorio Figueroa


