Venezuela apuesta a los petrodólares para estabilizar el dólar y frenar la escalada de precios
La reforma a la Ley de Hidrocarburos y la primera intervención cambiaria tras la captura de Nicolás Maduro buscan estabilizar la economía, aunque persisten dudas sobre su impacto real.
Venezuela inició una nueva fase de intervención en el mercado cambiario con la inyección de 300 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo, en un intento por reducir la brecha con el dólar paralelo y enfrentar el alza sostenida de los precios. La medida se produce en un contexto de fuerte presión inflacionaria y tras la reciente reforma a la Ley de Hidrocarburos, que busca facilitar los negocios con Estados Unidos y aumentar el flujo de petrodólares hacia la economía nacional.
La expectativa generada por esta intervención fue suficiente para provocar una rápida reacción en el mercado. La brecha cambiaria, que había alcanzado niveles cercanos al 100 %, comenzó a reducirse incluso antes de que los recursos ingresaran formalmente al sistema financiero. El dólar paralelo, que llegó a superar los 900 bolívares luego de los acontecimientos del 3 de enero, descendió posteriormente hasta ubicarse alrededor de los 460 bolívares por dólar.
El ingreso de estas divisas proviene de petróleo venezolano vendido a precio de mercado bajo coordinación con Estados Unidos, país que asumió un rol clave en la comercialización del crudo luego de la captura de Nicolás Maduro. Se trata de la primera intervención cambiaria de esta magnitud en varios meses.
En la calle, sin embargo, el impacto inmediato aún no se traduce en alivio para los consumidores. En Venezuela, donde la mayoría de los precios se fijan en dólares, muchos pagos se realizan en bolívares aprovechando la diferencia entre la tasa oficial y la del mercado negro. Comerciantes aseguran que cualquier ajuste será gradual y dependerá del comportamiento sostenido del tipo de cambio.
«Nada ha cambiado, todo sigue igual. Compro solo lo esencial porque la plata no alcanza», relató Dixory Seijas, vendedora informal de 40 años. Una percepción similar expresó Rafael Labrador, abogado de 73 años, quien advirtió que el alza de precios se siente con mayor fuerza en los alimentos cárnicos.
Desde 2019, Venezuela despenalizó el uso del dólar y flexibilizó los controles cambiarios como respuesta a la hiperinflación y la escasez. Bajo ese esquema, el Ejecutivo recurrió recurrentemente a la inyección de divisas para moderar la volatilidad del mercado. Ahora, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, retoma esta estrategia con el argumento de “proteger a la población del impacto negativo de los vaivenes cambiarios”.
Analistas coinciden en que la medida puede aportar estabilidad a corto plazo, pero advierten que su efectividad dependerá de la continuidad del flujo de divisas. Alejandro Grisanti, director de la consultora Ecoanalítica, sostiene que sin una oferta sostenida de dólares a precios de mercado, la moneda podría enfrentar nuevamente una depreciación significativa. Además, señala que el control cambiario no debe utilizarse como principal herramienta antiinflacionaria, sino complementarse con una política fiscal coherente.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, instó a los comercios a ajustar los precios tras la caída del dólar paralelo, en el marco del debate por la reforma a la Ley de Hidrocarburos. A su juicio, esta reforma permitirá ampliar los negocios petroleros con Estados Unidos y fortalecer los ingresos en divisas.
Mientras tanto, la pérdida del poder adquisitivo continúa siendo uno de los mayores desafíos. El salario mínimo y las pensiones se mantienen por debajo de un dólar mensual, obligando al Estado a otorgar bonos discrecionales como complemento. Organizaciones sindicales han exigido que los recursos petroleros se orienten prioritariamente a mejorar los ingresos de los trabajadores y pensionados.
La inyección de petrodólares marca un nuevo intento por estabilizar la economía venezolana. No obstante, su impacto real sobre los precios y el bienestar de la población dependerá de la consistencia de la política económica y de la capacidad del país para sostener el ingreso de divisas en el tiempo.
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