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José Gregorio Figueroa: “Reflexiones sobre el Presente: Más Allá de las Tradiciones, el Desafío de Pensar en el País”


El inicio de este nuevo año se asemeja a los anteriores, marcado por la tradición de expresar nuestros deseos para el país. Pedimos cambios, mejoras, pero la realidad persiste. Enumerar los problemas se ha vuelto repetitivo, como señala Ramón, un viejo amigo, quien opina que todos conocemos las dificultades que enfrentamos.

Entre los retos más apremiantes destaca la abrumadora polarización que divide al país. Esta división, sorprendentemente profunda, obstaculiza cualquier intento de acercamiento y diálogo. La obstinación en los enfrentamientos ha llevado a la creencia de que la comprensión mutua es imposible. La única tabla de salvación a la que nos aferramos es la esperanza, una esperanza que los líderes políticos aún no han logrado ofrecer de manera convincente.

Las dificultades del país son graves y van más allá de las proyecciones económicas, que dependen en gran medida de la eliminación de sanciones para impulsar la producción petrolera. La verdadera raíz del problema yace en un sistema político que habla mucho del bienestar del pueblo pero que, hasta ahora, ha logrado muy poco para mejorar las condiciones de vida.

En el frente opositor, la falta de unidad impide que se convierta en una opción real y efectiva para canalizar los desencantos de la ciudadanía. Mientras tanto, los ciudadanos sufren niveles crecientes de estrangulamiento.

Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) compartió los resultados del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), destacando a países como Singapur y Luxemburgo, que, a pesar de no tener recursos petroleros, lideran en habilidades académicas. Latinoamérica, a pesar de sus riquezas, no figura entre los mejores evaluados, revelando la falta de inversión en educación.

En el reinicio de las actividades educativas, nos enfrentamos a salarios bajos, carencia de beneficios sociales y de salud, infraestructuras escolares deterioradas y problemas de transporte. Los programas educativos están rezagados y cargados de ideologías, impidiendo un sistema de enseñanza-aprendizaje adaptado a los tiempos actuales. La falta de innovación, desarrollo tecnológico y parques industriales refleja la ausencia de una voluntad real de pensar en el país.

Los países que más avanzan y reducen la pobreza son aquellos que invierten en educación. Es innegable que la educación es el camino hacia el progreso. Sin embargo, todas estas aspiraciones quedan en palabras vacías si no se logra reducir las discusiones estériles lideradas por políticos que desperdician tiempo valioso. Es hora de que todos, independientemente de nuestras inclinaciones políticas, pensemos verdaderamente en el país. Con todas sus riquezas y potencialidades, ocupamos los últimos lugares en los indicadores de progreso y crecimiento.

José Gregorio Figueroa @figueroazabala

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